Dos antiguos refranes rezan: "tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe" y "se quiere tapar el sol con un dedo". Desde hace, por lo menos, tres lustros algunos de los temas de conversación cotidiana de los tucumanos son la inseguridad y el miedo. Pero da la impresión de que es necesario de que ocurran las tragedias que se sabe de antemano que pueden ocurrir para tratar de esbozar una acción. Y aun así, ante la realidad descarnada, las autoridades intentan a veces minimizar los hechos hablando de "sensación de inseguridad" o que son episodios "aislados".

El martes, una mujer de 54 años, madre de dos hijos, fue asesinada alrededor de las 20 por dos motoarrebatadores frente a su casa del barrio Ampliación Kennedy, cuando se aprestaba a subir a un taxi. La vecina Elda Hovannes, cuyas cartas solían publicarse en nuestra sección de lectores, advertía el 12 de junio pasado: "Lo que está pasando con la salud es una vergüenza, con la seguridad otro tanto. En la Policía no tienen móviles, no tienen estado físico, no tienen con qué combatir el delito, ¿por qué? Cualquier abogado saca de la cárcel a un violador o a un asesino, ¿por qué? ¿Dónde está la ley, la Justicia, el derecho a vivir en paz, a trabajar y a honrar a nuestra patria como corresponde? Espero una respuesta de quien corresponda, pero no con palabras, con hechos, es lo que necesitamos los tucumanos y los argentinos".

No era, por cierto la primera vez que se refería a la inseguridad. El 4 de julio de 2007, criticó en acto político en su barrio por la falta de respeto hacia los vecinos a los que no les interesaba participar de ese mitin callejero. Concluía su carta: "A los candidatos les decimos que los ciudadanos queremos respeto, educación, seguridad y salud. Por favor, tengan en cuenta esto".

Según el subjefe de Policía, frente a episodios como este, "todo nuestro trabajo se desmorona, pareciera que no hicimos nada, pero hoy tenemos más agentes en las calles y en los barrios. Hay procedimientos diarios contra motoarrebatadores, el nuevo plan de seguridad está en plena marcha pero, obviamente, no es suficiente".

Hace unos días, un vecino denunció que el sábado 9 de julio, entre las 20 y las 3 de la mañana del día siguiente, hubo dos intentos de asalto, en la calle Ayacucho al 500 y agregaba que la ronda policial en ese sector era casi nula. Una estadística, confeccionada sobre la base de datos policiales y judiciales entre el 10 de junio y del 10 de julio del año en curso, determinó que el Barrio Sur de San Miguel de Tucumán encabeza el ranking de robos.

Muchas veces, los ciudadanos se quejan y advierten el peligro, pero quienes deben velar por la seguridad -incluyendo a la Justicia- de todos quizás creen que la gente protesta porque sí o tal vez por cuestiones "electorales". Cuando una víctima se lamenta de que su victimario ha salido en libertad, como quien entra por una puerta o sale por otra, ¿se tratará también de una sensación o de una fantasía?

Miles de tucumanos viven diariamente rodeados de rejas, alarmas y salen con miedo a la calle. La vecina asesinada por delincuentes que intentaron apoderarse de su cartera, pedía, hace poco más de un mes, seguridad y justicia a través de hechos, no de palabras. Las autoridades deben escuchar los reclamos con la idea de dar respuestas y no esperar que las desgracias sucedan para entonces actuar. Los lamentos y culpas posteriores no pueden resucitar a nadie.